miércoles, 16 de julio de 2014

Muchas reflexiones

El miércoles pasado, más o menos en el entretiempo del partido Argentina-Holanda, se murió mi abuelo. No fue una sorpresa, tenía 90 años y problemas cardíacos, y al menos yo ya me había mentalizado y casi no me puse triste. En parte fue un alivio porque la vida que llevaba no era vida: desde hacía años padecía demencia senil y ya casi no reconocía a nadie, estaba sentado sin hacer nada la mayor parte del día, no se acordaba de cosas básicas como por ejemplo si tenía que comer con el tenedor o con la mano, y era maltratado por mi abuela y mi tío, que se enojaban porque tenían que repetirle cien veces las mismas cosas. Los entiendo porque no es fácil convivir con una persona así, pero me daba mucha pena. Si bien no tengo una relación muy cercana con ellos, mi abuelo siempre fue bueno. Cuando todavía estaba dentro de todo bien, hacía chistes tontos y mi abuela siempre se enojaba y lo hacía quedar mal delante de los demás, y él nunca le dijo nada. Sonreía y bajaba la cabeza. En los últimos tiempos, en los pocos momentos de lucidez que tenía, manifestaba que estaba cansado de que lo trataran mal. 

Es la primera muerte cercana que tengo en mi familia, y a pesar de todo no lo sufrí tanto. Yo creo que todavía no caí, la psicóloga dice que ya hice el duelo antes, cuando mi abuelo dejó de "estar", a pesar de estar físicamente. Como sea, el hecho me hizo reflexionar bastante acerca de muchas cosas:

*La muerte es algo natural: después del shock inicial, mientras algunos salieron a hacer trámites, los que nos quedamos en la casa hablamos, nos reímos y hasta vimos los penales como si no hubiera una persona muerta a dos cuartos de distancia. Obviamente tampoco es que nos pusimos a contar chistes y el final del partido me causó la misma emoción que un documental en japonés sobre cómo crece el pasto, pero fue mucho menos dramático de lo que yo había imaginado.

*El reencuentro de la familia: por primera vez en no recuerdo cuántos años volvimos a estar todos los primos juntos. Eso que dicen de que en los velorios se encuentra la gente es verdad.

*Primeras veces: nunca había ido a un velorio. No sabía cómo era el lugar ni qué se hacía. Antes de entrar apagué el celular porque pensaba que el clima sería de solemnidad, pero nada que ver. Ahora entiendo la importancia de la gente que te va a acompañar y me arrepiento de no haber estado otras veces con quien lo necesitó. Tampoco había ido a un entierro, naturalmente, y mucho menos participado en un cortejo fúnebre.

*Cambios en las relaciones: nunca tuve una buena relación con mi abuela, pero ahora la trato mejor, y hago lo posible para ayudarla. Mi mamá se dio cuenta de que tiene que hablar o verse más seguido con sus primos porque son buenos y la ayudaron mucho.

Me quedo con el recuerdo de mi abuelo, que el miércoles a la mañana, después de que lo llevamos de vuelta a su casa cuando en el hospital nos dijeron que no hacía falta que quedara internado, no perdió su buena educación y me dijo "gracias por la visita".




5 comentarios:

Marga dijo...

Me alegro de que estés bien y de que hayas aprendido tantas cosas. Yo he tenido más muertes, mis dos abuelos bien cercanos, mi mamá y mi marido y todas fueron distintas a la tuya y distintas entre ellas.

Un abrazo.

Alicia Seminara dijo...

Lo siento mucho y te mando un beso grande.

Sil dijo...

Gracias, chicas.

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Me hiciste llorar. No me gusta que traten mal a nadie.
:'(

Sil dijo...

:(