A diferencia de la mayoría de las mujeres, no tengo conflictos con la gordura. Al contrario, siempre fui muy flaca, por lo tanto odio que haya tanta comida diet, odio los gimnasios, odio que las mujeres vivan hablando de hacer dieta, de cuidarse, de que la ropa no les entra, etc.
Pero lo que más odio me da, lo que realmente me enfurece, es que me digan "¡qué flaca que estás!", "¿me parece o estás más flaquita?" y demás variantes, las cuales sonarían halagadoras para cualquier mujer, pero a mí siempre me las dicen en el sentido de
estásenfermatenésquecomernoserásanoréxicanopuedeserqueseastan flacatenésquealimentarte.
Hace algunos años llegué a pesar 44 kg. Estaba enferma (de la cabeza) y no podía comer. Tenía un nudo en la garganta y vivía nerviosa, y aunque quería engordar, comer bien, alimentarme, no podía. En esa época escuchaba el "estás muy flaca!" constantemente, y me daba mucha bronca, porque además de decirme algo obvio, por más que lo intentara y me dijeran "comé, comé, comé" 800 veces al día, no podía hacerlo. ¡Estaba enferma! ¿Por qué nadie me entendía?
Superada esa etapa, felizmente alcancé unos saludables 51 kg, mucho más interesantes que los 47-48 que pesaba antes de enfermarme. Sin embargo, hay gente que insiste en que estoy "muy flaca", o cada vez que me ven me preguntan, preocupados, si estoy más flaca que antes.
¡Yo estoy feliz porque ahora estoy "gorda" y los (las) demás quieren seguir creyendo que estoy anoréxica! ¡Tantos años haciendo el esfuerzo por engordar, y cuando por fin lo logro, nadie se da cuenta! El culo ya no me entra en los pantalones, y siempre, siempre, siempre, hay alguien que me ve más flaca.
Consejo: vayan a hacer su dieta y no proyecten en mí conflictos con el peso que, por suerte, hace tiempo dejé de tener.