miércoles, 4 de noviembre de 2015

Ushuaia

Ushuaia es uno de esos lugares que siempre quise conocer pero que parecía imposible; sin embargo, gracias al coro, tuve la oportunidad de pasar cinco días maravillosos allí.

Tenía miedo del aterrizaje: imaginaba vientos cruzados y que el avión se caía al mar (sin contar el miedo normal de viajar en avión que tengo siempre), pero fueron viajes muy placenteros, tanto a la ida como a la vuelta. Le mando un besito al Laboratorio Roche gracias a cuya ayuda pude contemplar desde arriba en paz las nubes más lindas que he visto en mi vida.

Esperaba nieve y mucho frío, dos cosas que en Córdoba no se viven muy seguido que digamos. Estuve en la nieve pero no nevó, así que hasta que no me caigan copitos voy a seguir diciendo que no conozco la nieve, y el frío fue soportable, nada que no hubiera sentido otra vez.

Compartí habitación con a) alguien prácticamente desconocido b) del sexo opuesto. No, no se pongan contentos, no es que finalmente se me dio, el muchacho en cuestión es gay. A veces tomo esas decisiones impulsivas que no son propias de mí: me cuesta compartir, me cuesta mostrar mi intimidad, mucho más me cuesta relacionarme con desconocidos, pero cuando vi que este chico era el único cuyas fechas de llegada y salida coincidían con las mías, ni dudé preguntarle si quería estar conmigo. Podía pasar que nos lleváramos para el orto o que todo fuera diversión y amistad. No pasó ninguna de las dos cosas porque mi roomie resultó ser demasiado parecido a mí, lo cual generó mucho silencio y momentos de estar cada uno en lo suyo, pero cuando hablamos pude conocer a alguien bastante agradable.

Y la música. Cuando a uno le gusta cantar, canta en todas partes: en el avión, en un restaurant, en la calle, en un parque nacional. Aparentemente lo hicimos bien porque la gente que nos escuchó en esos lugares raros después nos fue a ver a los conciertos. Conciertos mágicos, en el primero de los cuales la solista se largó a llorar en medio del canto, cargada de emociones por su primer viaje en avión, por conocer la nieve, por la historia misma que estaba cantando, y nos hizo llorar a todos los demás; y un segundo concierto, con música para niños, en el que nos permitimos improvisar, actuar y disfrutar cuando vemos que los niños disfrutan.

Empecé a ponerme nerviosa en diciembre cuando se empezó a hablar del viaje, más en mayo cuando compré el pasaje, entre julio y septiembre me volví loca buscando y reservando hotel, y dos semanas antes dejé de comer: molestias que al llegar al fin del mundo rápidamente quedaron olvidadas.




9 comentarios:

Marga dijo...

¡Qué lindo! Me encanta. No conozco el sur, más allá de Bariloche para mí es una incógnita. Me alegro de que sigas con el coro y de que te haya dado esta oportunidad.

Un abrazo.

Sil dijo...

Y yo no conozco Bariloche! Otro pendiente que tengo.
Saludos!

Erika Martin dijo...

Hola Sil,
he visto fotos de Ushuaia en internet y tiene que ser un lugar precioso. Me alegro de que hayas tenido la oportunidad de haberlo visitado. Normal que te pusieras nerviosa, viajar en avión, compartir habitación con desconocido... Qué curioso lo de la solista del primer concierto. Pero bueno, lo importante es que disfrutaste.
Un besazo

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Interesante crónica de tu viaje, como del concierto con la solista emotiva.
Entiendo eso de conocer la nieve, de sentir emoción por eso. Es algo que tampoco es común en Hurlingham. Donde solo hubo nieve una vez, hace unos años, en que fue noticia la nevada en lugares insólitos.

Que bien que lo disfrutaste. Lo contaste bien.

Saludos.

Sil dijo...

Erika: si bien no fui en la mejor época (ni estaba blanco de nieve ni estaban los colores del verano) es un lugar muy bonito. Gracias por pasar!

Demiurgo: me alegro que te haya gustado. Saludos!

Ale dijo...

Te dije que Ushuaia estaba buenisimo!

Sil dijo...

Sí! :)

La Ahorrativa dijo...

Avisame si cantas en Buenos Aires!

Sil dijo...

Claro que sí! Ojalá vayamos!